Tradicionalmente, el aprendizaje se ha concebido como un proceso que ocurre en la escuela, bajo un modelo de aula cerrada y estructurada. No obstante, la realidad contemporánea impone una transformación radical de esta lógica. La escuela ya no es el único espacio donde se aprende; los estudiantes acceden a múltiples
entornos físicos y virtuales que configuran una ecología del aprendizaje (Coll, 2013).
La expansión del aula
La noción de nuevos
espacios de aprendizaje abarca desde aulas interactivas y bibliotecas digitales
hasta entornos informales como museos, comunidades, espacios laborales y redes
sociales. Esta visión amplia permite valorar la riqueza de los contextos no
escolares, reconociendo que el aprendizaje es ubicuo, continuo y no lineal..jpg)
Adaptarse a estos nuevos espacios requiere:
- Diseño flexible del currículo.
- Incorporación de recursos multimodales y transmedia.
- Evaluaciones formativas y auténticas.
- Formación docente en competencia digital.
- Compromiso institucional con la inclusión y la equidad.
En este contexto, el docente se convierte en un diseñador de experiencias de aprendizaje, capaz de integrar lo presencial y lo virtual, lo formal y lo informal, lo individual y lo colectivo, en propuestas pedagógicas que den respuesta a la complejidad del mundo actual.


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